lunes, 25 de agosto de 2008

(sin título)

Caminaba por el bosque, adentrándose en su asfixiante oscuridad, sin miedo a nada, un valor que no sabía de dónde venía le acompañaba. El crujir de hojas a su paso era el único sonido que le hacía sentir que caminaba y sentía en su pecho el palpitar del corazón exaltado que se dirigía a un lugar desconocido. Caminaba sin rumbo, guiado únicamente por su instinto más animal, buscando algo que no sabía lo que era, pero tenía que encontrarlo. Ya. Dirigía su mirada oteando su posible trayectoria, evitando arbustos de espinos que se cruzaban en su camino, oliendo la frescura del verdor del bosque que llenaba sus pulmones de nuevos impulsos en cada paso.
De repente, en aquel espacio en el que aparentemente no avanzaba el tiempo, sintió una mirada sobre su nuca. Contuvo la respiración. Algo le acechaba entre la espesura de aquel extraño bosque. Se giró inmediatamente y le pareció ver dos titilantes puntos brillantes dentro de la densa maleza que le observaban. No distinguió la figura de aquel ser que había fijado su atención en él.
"Mierda" se dijo a sí mismo, " es la Muerte". No sabía cómo, pero lo sabía. Le acechaba. Y a la vez, sabía que le daría ventaja, puesto que la victoria ya estaba cantada.
Así que no apresuró el paso dispuesto a huir, sino que siguió caminando al ritmo anterior, buscando y buscando. De vez en cuando encontraba pequeños tesoros que le llenaban el corazón de nuevos ánimos; pero sabía que había algo más. Siempre hay algo más.


(continuará... o tal vez no...)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos seguimos ese camino en el que la muerte nos da ventaja, es nuestro destino, de momento no hay nadie inmortal. Pero son las ganas de vivir o tesoros, los que nos dan fuerzas para seguir adelante llegando a un punto en el que t olvidas de esos ojos brillantes y unicamente disfrutas de la oportunidad que se t ha brindado de poder recorrer ese "bosque" antes de morir. Te quiero

Nuria dijo...

me gusta la historia :P que continue^^