miércoles, 24 de julio de 2013

Love Yourself First.

Esos momentos en la vida en los que, pese a estar solo, todo lo que te rodea te eleva, te llena, te hace flotar y te hace sentir completo. Momentos en que te das cuenta de todos los errores que cometiste en un pasado no muy lejano, errores de los que has aprendido la lección y la mantienes fresca y presente en cada paso que das adelante. Errores que dejaron cicatrices que no te hacen más feo, sino que te embellecen, pues esas marcas en tu ser van definiendo quién eres a medida que pasa el tiempo. Es entonces cuando te das cuenta de que sí, somos seres sociales, pero no necesitamos a nadie para sentirnos plenos, sino que todo empieza por amarnos y respetarnos a nosotros mismos, en lo más profundo de nuestras entrañas. Es asimismo cuando te das cuenta de que te olvidaste de valorarte y confiar en ti mismo, de lo equivocado y ciego que estuviste, de que te olvidaste de quién eras, de lo que puedes hacer por ti mismo, de que eres valioso le pese a quien le pese. 

Quiérete a ti mismo siempre, sé tú mismo siempre, sé fiel a tus principios y a tus ideales. Lucha por tus sueños, que nadie te haga sentir que no vas a conseguirlos por mucho que luches, ellos son los que se equivocan, no tú. Tú vales más que todas esas mentiras. 

Es una pena que a veces se nos olvide que nuestras madres nos trajeron al mundo para volar, no para arrastrarnos por el suelo o para caminar arrastrando cargas que nos hacen caminar lento y pesado, sintiendo que somos miserables, mirando al cielo y ansiando rozar las nubes con la punta de nuestros dedos, deseando sentir la deliciosa caricia del viento en nuestro rostro. Ya está bien. Deja de mirar tu vida escondido detrás de la ventana. Sé valiente, sal al balcón y disfruta de las vistas. Si alguien o algo intenta retenerte, resístete y lucha. No vinimos a este mundo para vivir enjaulados. Nunca dejes de luchar. Porque tú lo vales. Porque yo lo valgo. 


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Dos mil doce

2012 ya se va, pasó como el vuelo de una hoja de papel: totalmente impredecible... Un año para los que vinieron y pasaron de largo, para los que vinieron para quedarse y para los que de verdad vinieron para quedarse. 
Seré breve y concisa. Ha sido un año de constantes luchas, algunas con final amargo, otras con buen final y otras  con un final que aún está por escribirse... Seguiré luchando por lo que deseo: por mis metas aún por alcanzar; luchando por aquellos que me quieren y luchando por aquellos a los que yo quiero... y sobre todo, luchando por aquél que yo amo. Siempre hacia delante, sin rendirme y, sin lugar a dudas, sin mirar atrás. 



jueves, 22 de noviembre de 2012

No te rindas

No te rindas, aún estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
 
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
 
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
 
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
 
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo
celebrar la vida y retomar los cielos,
 
No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.
 
[Mario Benedetti]
 
 

lunes, 26 de marzo de 2012

Sí, me gustas.

Me gustas. Me gusta tu risa, tu manera de mirarme. Y tus pestañas. Me gusta tu boca, tus besos, dulces como azúcar de caña, de ése natural que no empalaga. Me gusta el tacto de tus manos, tu respirar tranquilo cuando duermes a mi lado. Me gusta que me tomes la mano mientras descansamos, eso significa que también me quieres cuando duermes, o cuando sueñas. Me gusta tu voz y me gusta cuando, feliz, canturreas mis canciones. Me gusta que me escuches cantar y que sonrías, complacido por mi felicidad del momento. Me gusta que me ayudes, que me escuches, que me recojas cuando me rompo en piezas. Y me recompones con tu ternura y con tu fuerte abrazo, como una balsa de aceite. Me gusta cuando me miras y yo me hago la distraída. Me gusta cuando me tocas, cuando me acaricias, cuando juegas con mi pelo. Me gusta cuando ríes porque río, o porque simplemente sonrío. Me gusta cuando te ríes de mis tonterías de niña pequeña. Y me gusta cuando disfrutas viendo que se me iluminan los ojos con un huevo de chocolate o con unos dibujos animados. Me gusta cuando te acercas buscando un beso porque sí, porque me quieres, porque te apetece. Me gusta. Me gustas todo tú, cada cosa que te hace tú, cada cosa que forma parte de ti. Me gustas, me gustas tú.

lunes, 23 de mayo de 2011

Esto se acaba...

Algo que se acaba y algo que empezará. Otra fase a la que pongo final en mi vida sin saber exactamente lo que me depara el futuro, aún no sé qué será de mi vida ni en tres meses, pero sí lo que pasará en una semana: me voy de Valencia. Punto y final. Tras dos años de andadura en la ciudad del Túria, no logré mi objetivo: ser doctora; pero me llevo un montón de amigos, una experiencia "laboral" que me está abriendo puertas y lo que es más importante, me llevo al amor de mi vida.
Por una parte me da pena y me da pereza, meter tu vida en una serie de cajas es algo casi nostálgico. Sé que voy a echar a mis amig@s de menos (aunque como siempre se dice, nos veremos poco pero os llevaré en el corazón), extrañaré a la que ha sido mi primera casita (aunque es de alquiler, hemos creado un lindo hogar), los 3 quintos a un 1€ (esas noches en el pheno), y sé que me va a costar estar otra vez en mi casa de toda la vida, con mi amor lejos en la suya, viéndonos no tanto como acostumbramos y como yo desearía. Echaré de menos el mar, la temperatura suave de la primavera y el invierno. Incluso a los gatos de mi tejado los voy a echar de menos. Sin embargo, entiendo que es el momento de partir, que mi tiempo aquí se ha terminado. Que llega una nueva época de cambios, porque me he llegado a sentir enjaulada aquí como hace un par de años cuando llegaba y esto era el pulmón que me hizo respirar de nuevo. Ahora abro las fronteras, me marcharé al extranjero, a enriquecerme como persona y como profesional. Deseadme suerte, pues mi nuevo camino empieza (casi) ya. Y no sabéis las ganas que tengo, pese al sentimiento agridulce de dejar aquí a quienes quiero y el miedo y curiosidad por afrontar lo que está por venir. Es increíble. Me ilusiona. Nuevamente, vuelvo a ir a por todas.


martes, 22 de marzo de 2011

Idiotas

Idiotas. Es la palabra que retumba violentamente en mi cráneo. Somos idiotas los seres humanos. Hacemos daño a nuestros semejantes con el único fin de... ni siquiera sé cuál es ese fin. Nos mueven sentimientos de rabia, de odio, de prepotencia, de tristeza que lo único que consiguen es que saquemos nuestra cara más fea y la mostremos a aquellos a quienes más amamos. ¡Pero qué idiotas! ¡Qué manera de desgastarnos los unos a los otros rompiendo cosas tan hermosas como el vínculo que nos une a alguien! Me da tanta rabia, no os hacéis una idea de cuánta. Reflexiono en soledad y miro hacia el pasado. Recuerdo situaciones que viví movida por una espiral de sentimientos que me vapuleaban de un lado para otro sin permitirme pensar con claridad y saber qué es lo que estaba haciendo. Recuerdo con dolor en lo más profundo de mi alma el daño que he hecho a tantas personas, las consecuencias que mis actos me están trayendo... Qué tontos somos, de verdad. Cuando uno se queda solo se da cuenta de todas estas cosas y yo, personalmente, hay demasiadas cosas que hice que no entiendo. ¿Qué fue lo que me movió para escribir aquel mensaje cargado de ira y luego tener el valor de enviarlo? ¿Qué fue lo que hizo que dijera aquellas palabras de doble filo siendo consciente del daño que podrían causar? ¿Por qué somos así? Hay quien dice que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho a lo largo de su vida; bueno, pues yo sí. Yo sí que me arrepiento de haber causado sufrimiento y haber provocado a ira a la gente que amo. Sí, me arrepiento. Así que desde mi buhardilla hoy le quiero dar las gracias a todos aquellos que me queréis, a todos aquellos que me habéis soportado en momentos de crisis y quiero pedir perdón a todo aquél al que en algún momento haya podido ocasionarle el mínimo dolor. Lo siento, de verdad. Sólo espero que no sea demasiado tarde.

lunes, 7 de febrero de 2011

De las paradojas, de las lágrimas perdidas, de las prioridades.

Qué malo es pensar, y que esos pensamientos hagan que a veces me sienta en el limbo. En el limbo de los sentimientos, atrapada en un extraño vacío que me deja un peculiar sabor de boca del no saber qué hacer o cómo reaccionar. Cuántas veces anhelo haber nacido con la capacidad de desconectar los sentimientos y aislarme del mundo y de todo lo que hace daño cuando no soportara más. Cuando hay uno de esos días para olvidar sin duda alguna. Cuando sientes un desgarrador dolor al estar cerca de la persona que amas y a la vez sentirla a miles de kilómetros de distancia o, más en concreto, sentirte al lado de un desconocido. Cuando sientes que no vales nada, que no importas nada, que hagas lo que hagas, nada va a surtir efecto y, si llegase a surtir alguno, siempre sería para peor. Cuando sientes que hablas pero que tus palabras son mudas e ineficaces. Que nadie te oye, que nadie te ve, casi podría decirse que ni existes. Amargo sentimiento el del desconsuelo, el de no saber a quién recurrir, el más aterrador sentimiento de impotencia y soledad ante la situación dada. El sentimiento de sufrir la indiferencia de la persona a la que oyes respirar a tan sólo un metro de distancia, dos, a lo sumo. Y tus lágrimas caen al oscuro infinito, como siempre jugando titilantes en la punta de tu nariz, y a nadie le importa. Cuando son articuladas por una boca deliciosa palabras frías como el témpano que te atraviesan el corazón. Y es cuando te planteas la importancia del momento… y de las prioridades. De la maldita convivencia que a veces no parece otra cosa que un infierno que te abrasa y te tortura sin una triste escapatoria. Y agonizas en la espera, deseando que se acerque a ti como para demostrarte que sí que te quiere o le importas y no hay respuesta. Que al final quien tiene que dar el primer paso del acercamiento eres tú, pese a que apenas tienes fuerza ni para sostener tu propio peso y la cama en la que te has cobijado no es sino una maraña de tela que te atrapa y te asfixia y no te da el consuelo del descanso y del sueño que has ido buscando. Lo odio. Odio pensar en estas cosas. Odio tener sentimientos. Odio ser tan sensible a ellos. Que todo lo que me rodea me haga sentir al más leve movimiento un dolor punzante que me atraviesa como un puñal las entrañas. Y estos pensamientos me paralizan. No sé qué hacer. Si dar un paso adelante o un paso atrás. Si abrir la boca otra vez, o permanecer en silencio esperando el momento final o el momento siguiente, no lo sé.

Y cuando menos lo esperas, cuando has ido a buscar refugio en los brazos de aquél que te hiere, esa persona responde y te sientes aliviada. ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo encontrar descanso en el pecho del que ha herido el tuyo propio? No lo sé, no entiendo nada. Y al día siguiente nada, salvo tus ojos hinchados por llorar con amargura durante horas, hace sospechar que ayer fue un día que te gustaría rebobinar para rehacerlo de nuevo o dejarlo caer en el abismo del olvido para siempre. Todo parece igual que siempre, sólo que más tranquilo. Tú aún abatida y él tratándote con ternura. Maldita paradoja. Llena de ellas está la puta vida.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Se oye un respirar agitado, entrecortado, muy intenso. De repente un golpe seco. Como un peso muerto que cae a la profundidad del océano. Es ella, se ha caído. No la socorráis, dejadla al menos un momento de silencio en la quietud de las aguas. No va a hundirse eternamente, siempre logra salir a flote, aunque sólo sea asomando la naricilla. Ha desfallecido por toda la presión que el mundo en el que vive ejerce sobre ella. Estaba cerca el momento en que explotaría. Dejadla respirar, dejadla respirar tranquila.

martes, 16 de noviembre de 2010

[@work16/11/10]

Tumbada sobre el césped fresco de la mañana, dejo que las briznas de hierba me hagan cosquillas en los pies. Es una sensación realmente agradable. Me siento desconectada del mundanal ruido y el olor a rocío acaricia mis sentidos. Sintiéndome libre de todo y de todos, dejo volar mi imaginación cuando lo que me rodea no hace otra cosa que agobiarme y, mentalmente, me dibujo [en esta ocasión] echada sobre el verde de un prado en las montañas, lejos de toda civilización apabullante. ¿Una de tantas vía de escape? Es posible, pero no encuentro nada más relajante que imaginarme en uno de estos lugares de mi infancia donde no tenía preocupaciones de ningún tipo. A veces me pregunto qué sería del ser humano sin tener la capacidad de evadirse con el simple hecho de cerrar los ojos y evocar algún lugar mejor; o peor aún, sin tener la capacidad de soñar. Ya sé que soy mayor (o que ya es hora de serlo), mi día a día me lo recuerda constantemente, pero me niego en rotundo a renunciar a tener pensamientos tontos [¿o no tan tontos?] de niña pequeña, tal como desear que los reyes magos me traigan una muñeca; o por ejemplo, imaginar que algún día cumpliré el [repetido] sueño de desplegar los brazos, y volar muy muy alto acariciando a mi paso las nubes de algodón. Y tú, ¿has renunciado a soñar o por el contrario estás de acuerdo con la frase de aquel loco escritor que dijo... "Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños."?

martes, 2 de noviembre de 2010

Estoy aquí

Estoy aquí, ¿no me ves? Tan cerquita de tu corazón, que su latido es casi mío. Estoy aquí, a tu lado, para ser felices para siempre. Estoy aquí, dándote mi respirar, para cuando necesites un poco de mi oxígeno. Estoy aquí porque un día decidí amarte fuerte y ser tu complemento. Estoy aquí, y a veces parece que soy invisible a tus ojos, pero si extiendes la mano sentirás el calor de la mía, que se entrelaza con la tuya con toda la fuerza que me es posible. No estás solo [y no estoy sola], estoy aquí, contigo. Para ser tuya y hacerte más grande. Para darte mi amor como nutriente esencial para tu alma. Para abrazarte fuerte cuando tengas frío y dejarte reposar en mi pecho cuando te fatigues en el camino. Estoy aquí, para ti, porque te quiero casi desde la primera vez que tus labios rozaron los míos. Estoy aquí. En lo bueno y en lo malo, estoy aquí. [Abrázame fuerte...]

lunes, 18 de octubre de 2010

Sobrevolando mi alma vi...

Saliendo fuera de la realidad que me rodea, me pregunto si realmente ésta es la vida que quiero... Si después de haber luchado tanto en la vida por mis sueños, he llegado a conseguir alguno; si soy feliz como predico a menudo, o si quiero continuar con este ritmo mucho tiempo más... A veces siento que me agoto y que no hago nada bien, las ganas y las energías se me desinflan y me siento perdida en un mar de dudas que no me dejan ni siquiera descansar por las noches. Como aquella doncella perdida en un denso bosque, donde criaturas místicas la observan mientras busca un claro de luz donde reorientarse. Supongo que es un pensamiento pasajero, un sentimiento fugaz que tal como vino se irá, pero es tan intenso que hace que me replantee mi vida entera. No soportaría llegar a la conclusión de que vivo como un pájaro encerrado en una jaula. Nací para sentirme libre. Para desplegar mis alas y volar tan alto como quisiera. Y eso es justo lo que voy a hacer.

sábado, 28 de agosto de 2010

Living Miami Beach

Luces de colores. Olor a hamburguesa. Calor que se adhiere a los cinco sentidos. Silencio roto por rugidos de lujosos coches. Un demenciado caminando hablando con quién-sabe-quién pasa por mi lado y me estremezco. Dos calles más allá, unas chicas despampanantes montadas en unas sandalias de vértigo, ríen esperpénticamente para llamar la atención de dos cachas que caminan por su lado. Contrastes y más contrastes. Miles de sensaciones impactan contra mí y se graban en mi cabeza. Sé que volveré a casa y tendré un amplio álbum de imágenes, sabores, olores y sonidos que poco a poco pasarán al plano de recuerdos. En las islas de la bahía, las casas más lujosas; a menos de dos millas, la pequeña Habana y el pequeño Haití, barrios humildes tintados de sucesos violentos. Contrastes. Dios, no pensaba que esto iba a ser así de extremo. O te encanta, o hay momentos que te repudia pisar sus calles y te revuelve el estómago el olor que llega de las traseras de las calles principales. En Ocean Drive, una deliciosa langosta con un mojito por $120, y dos calles más adentro, una grasienta hamburguesa por menos de $5. Contrastes.


Cambiando completamente de tema, se me hace casi obligatorio mencionar que en medio de este mar de vivencias, me quedo con el vínculo fortalecido con mi compañero de viaje... y de vida. Con sus dulces caricias y sus palabras. Con su mano protectora mientras paseamos por las calles de Miami Beach. Con sus besos de buenos días y su contacto mínimo pero suficiente a la hora de dormir. Descubro que con él a mi lado, pese a estar lejos de casa y sintiendo el deseo de volver a mi tierra, la sensación de añoro se hace llevadera, hasta placentera por momentos. Un nuevo contraste. Un nuevo sentimiento contrariado.

Volviendo a esta ciudad, aquí no existe el punto medio, todo va de arriba a abajo como los loops de una montaña rusa. Resumiendo: vacaciones inolvidables, mágicas y llenas de una amplia gama de sabores al lado de la persona más importante para ti... ¿se puede pedir algo más? Welcome to Miami/ Bienvenidos a Miami. :)

viernes, 6 de agosto de 2010

¿Desarraigo?

Boom-boom, boom-boom. Leve, ligero y suave como una pluma. Boom-boom. Cambiante como el soplido del viento y débil como los últimos rayos de sol. Boom-boom. A su vez y muy paradójicamente, es vigoroso como las raíces de un antiguo árbol agarrado con fuerza a la tierra de la que se alimenta y crece. Boom-boom. Valiente, cual caballero que empuña su espada sin temor a dar su vida en el campo de batalla; y potente, como el batir de aletas de una gran ballena, que emerge de las profundidades del mar para tomar oxígeno golpeando con violencia las aguas con su cola. Sentía de todas estas formas a mi corazón latiendo estos días. Unas veces tan cercana a la realidad que estos días me rodea y otras con el corazón lejos, muy lejos, a una distancia casi inmesurable. Ciertamente cómoda en mi tierra rodeada de mi gente y en otros momentos, con ganas de no volver jamás; simplemente porque éste ya no es mi sitio para estar. Hace más de un año decidí marcharme para no volver, y aunque es necesario regresar a los orígenes de uno, me doy cuenta de que yo ya no pertenezco a este pequeño trozo de mundo, ya no encajo en su estructura. Y ahora, ¿de dónde eres?- me atormenta un poco mi cerebro. No lo sé, soy del viento que me lleva, sin redes ni jaulas que me impidan el libre movimiento por el mundo. Voy allí y soy de allá, siempre sin negar de dónde vengo pero sin saber cuál es la próxima estación de mi destino.
Sí, puede que sienta desarraigo porque no es que esto haya cambiado, pero yo sí. Todo esto me vio crecer y me hizo llegar hasta un punto en que estaba preparada para irme, eso nunca lo voy a negar, pero ya no pertenezco a este lugar aunque de vez en cuando necesite el paréntesis del descanso para nutrirme de la tierra en que me crié. Ha dejado de ser mi sitio y ahora ya no tengo uno y creo que eso me gusta, aunque mi corazón se vuelve loco por momentos pues mis sentimientos son de lo más cambiante. Pero está bien, supongo que algún día encontraré otro lugar donde sentar cabeza y arraigar nuevamente mis raíces. Hasta entonces, quiero seguir volando sin lastre que arrastrar, quiero tocar las nubes frescas del cielo de mi vida y refrescarme con su agua, quiero ir allá y acá y nutrirme un poco de cada sitio... confiando en que mi corazón es fuerte para soportar los envites de los cambios y nuevas situaciones a que enfrentarse: débil y fuerte, pesado y ligero, suave y tosco, todo a la vez. Hoy, me siento como un pájaro libre con ansias de surcar los cielos de todo el mundo.


miércoles, 4 de agosto de 2010

There's No Place Like Home

En ningún sitio como en casa para recargar las pilas. He vuelto a mi casa de toda la vida para pasar unos días antes de trotar por el mundo disfrutando del resto de mis vacaciones. Pero no hay otro sitio mejor para descansar que el sitio donde te has criado, al menos ésta es mi opinión. Los cariñitos de la mamá que te prepara tus comidas favoritas porque no las disfrutas el resto del año. Lo caótico del armario de los dulces cuando buscas algo para desayunar rico. Las conversaciones risueñas de las pizpiretas vecinas del barrio, mientras te dicen lo guapa que estás nada más verte. El saludo feliz de la gente conocida de toda la vida que te cruzas por la calle. Los puestos de fruta fresca del mercadillo. La vista a la bella sierra desde casa al asomarte a la ventana. El olor a verde que trae la brisa de la mañana. El canto de los pajarillos mientras revolotean como locos al atardecer. El olor a jabón de las sábanas. Las conversaciones del viento con los gatos que salen al frescor de la noche, mientras las estrellas adornan el manto oscuro del cielo. ¡¡Son tantas cosas!! Anoche las contemplaba (a las estrellas), y me di cuenta de que casi había olvidado lo maravilloso de un cielo estrellado en una fresca noche de verano. Ahí, tirados en una roca que me pareció hasta cómoda, tres de mis mejores amigos y yo, charlábamos de cómo arreglar el mundo y admirábamos la estela de la Vía Láctea y lo mágico de la cola de la Osa Mayor en el punto central donde se esconden dos estrellas, discutiendo cuales científicos, sobre lo misterioso del viaje de la luz hasta que nosotros la percibimos. Y de tanto en tanto, una estrella fugaz cruzaba el cielo, dándonos la oportunidad de regresar a la inocencia y formular nuestros deseos con los ojos apretaditos. Es curiosa esa sensación de que, pese a estar en la calle a las tantas de la noche, te sientas cómodo y tranquilo, sí, como en tu misma casa. Olvidaba estas sensaciones por llevar tiempo fuera sin regresar a casa. Me gusta estar aquí para, como quien dice, regresar a mis orígenes y saber que lo que hoy soy, es por esta tierra y esta gente que la habita. Y me siento orgullosa, porque en ningún sitio se está mejor que en Casa.

lunes, 12 de julio de 2010

Hello Mr. Summer!!

Y ya llegó el veranito. Calor, playa, sol, orxata, aire acondicionado, helado, cervecita fresca, gafas de sol... tantas palabras con que definir esta época del año... Y cómo no, la palabra estrella: ¡vacaciones! En 20 días regresaré a casa y empezaré a disfrutar de ellas. Hasta entonces, reconozco que me lo estoy pasando genial: Visita de mi hermano (¡le adoro!), fin de semana loquísimo con escapada a sanfermines incluída y ¡cómo no! ¡¡¡nuestra Selección campeona del Mundial de fútbol 2010!!! Pero ¡qué emocionante! Hoy más que nunca me siento orgullosísima de ser española y del comportamiento ejemplar que han tenido todos los miembros del equipo mostrando respeto y unidad en todos los momentos. ¡Olé con olé! Nos queda mucho por disfrutar de esta histórica victoria. ¡Disfruto inmensamente paladeando su sabor!

Y en agosto viaje fugaz a casita con su verde y sus montañas, semana de inglés en Galicia y ¡tres geniales semanas con mi niño a Miami! ¿Qué más se puede pedir? Es que ni me quejo por tener que estar trabajando aún en julio. Cosas que hacen que la vida valga la pena las hay a montones obviando o haciendo diminutas esas otras que nos ensombrecen los ánimos.

Me está encantando este verano y... ¡lo que me queda!




martes, 11 de mayo de 2010

Esa dulce danza...

Te miro, me miras. Te aproximas lentamente a mi boca que, por instinto, se entreabre y nuestras lenguas juguetean. Recorres con tu mano mi espalda, como si contases mis vértebras con una sensualidad infinita, y siento un fuego invisible que se enciende, que me envuelve y que me quema. Tu olor me embriaga como un dulce vino y me siento poseída por esa pasión desenfrenada que me impulsa sin remedio a entregarme a ti, a que me hagas tuya. Es entonces cuando dejo de ser yo, cuando nos fundimos el uno en el otro, y todo lo que nos rodea se desvanece. Es entonces cuando nuestros cuerpos se entregan a la danza del amor con ese ritmo coordinado como los violines de una orquesta. Y juntos llegamos a lo más alto, allá donde las almas se tocan, y yacemos después entrelazados, exhaustos, respirándonos el uno al otro. Contigo me siento completa. Y escuchando cómo late tu corazón duermo ya, duermo.

martes, 4 de mayo de 2010

Tan lejos a mi lado (II)

[Piensa ella]: " Si tan sólo se girase y me diera un abrazo, sin decir nada, eso sería suficiente para reconfortarme. Es mi compañero y a veces me siento como una desconocida a su lado. Ve que estoy aquí, que hay algo que no va bien y no me pregunta, hace como si no pasara nada. Por eso me alejo, para no salpicarle, porque he decidido que no quiero hacerle daño con las cosas que se me pasan por la cabeza. Aunque es tan duro tenerle a 20 cm. y sentirme tan sola... Me invade una inmensa tristeza y parece como si al aire le costase llenar mis pulmones y hasta me hace daño. No quiero volver a pensar. Lo he decidido. Sé que es imposible, pero este fútil instante de rebeldía me tranquiliza." [Y, finalmente, se queda dormida, con una pequeña marca de lágrimas en su lado de la almohada.]

Tan lejos a mi lado.

[Piensa él]: "Está a mi lado, a la vez tan cerca y a la vez tan distante. Siento su respirar triste, inspirando con fuerza a cada poco como para aliviar un poco el pesar que le oprime el pecho. Intuyo aunque estamos a oscuras que llora en el más profundo de los silencios. Ojalá pudiera darle mi consuelo, pero su coraza es gruesa y no me deja acercarme más de lo que ella considera lo máximo. No me rechaza, pero no hace nada por que le dé los mimos que sé que tanto le gustan. Intenté abrazarla con mis palabras, pero tampoco eso funcionó. Hoy está lejos y no puedo hacer otra que dejar que se recupere vuelva a querer estar cerca de mí y fundirse conmigo en un abrazo y un dulce beso antes de dormir."

lunes, 26 de abril de 2010

El universo de lo humano

Las planetas, las estrellas, los soles, las galaxias... Desde tiempos inmemoriales el hombre ha escudriñado los Cielos para lograr comprender cómo es que nos posamos en la superficie de la Tierra y los habitantes que están en la parte de abajo no caen hacia el infinito o los que viven por la mitad no resbalan; para comprender el cambio de posición de las estrellas en el firmamento según la época del año o cuál es la trayectoria de los planetas; desmadejar, en conclusión, la maraña de reglas de la física que gobierna el Universo. Desde aquellos filósofos como Ptolomeo o Aristarco y anteriores, hasta las teorías actuales que afirman que todo proviene de una gran explosión, lo cierto es que, básicamente, el Universo se ha regido por las mismas leyes físicas, constantes a lo largo de su extensión e historia, y que la fuerza dominante en distancias entre todos los cuerpos es la gravedad, como dicta la ley de Isaac Newton. Pero es la capacidad del ser humano más maravillosa que cualquier ley que exista en el Universo, la capacidad de haber encontrado estas teorías que definen aquéllo que, en esencia, es infinito; que al completo una mente humana no puede abarcar. Es maravilloso el ser humano, capaz de racionalizar todos estos abstractos conceptos, capaz de, por ejemplo, salir fuera de la Tierra con ayuda de complejos artefactos y hacer caber en una fotografía, la magnanimidad del Sol que nos proporciona luz y calor o enviar una sonda a otro planeta y analizar qué componentes tiene su superficie. Increíble es, por tanto, el Cosmos, que engloba toda forma existente de materia y energía y sus interacciones, así como [y que no se nos olvide] la aptitud de la raza humana para desglosar y comprender todo lo comprendido hasta ahora y lo que queda por venir. Así es, el principio de lo más universal comienza en lo maravilloso de lo complejo del ser humano.

sábado, 24 de abril de 2010

De lo pequeño y lo invisible.

Algunas mañanas cuando salgo rumbo a mi trabajo, me pregunto si no seremos nosotros seres minúsculos observados a través de la lente de un potente microscopio, o si nuestro universo no permanece enganchado al suave pétalo de una flor, como aquellos chiquitines que vivían en la mota de polvo custodiada por un elefante con un prodigioso oído. Cada día me sumerjo en mundos inapreciables para la vista del ser humano. Mundos llenos de vida y de color, de crecimiento y de muerte continua, de actividad energética brutal, aunque a nuestros ojos despreciable. Mi herramienta básica de trabajo es un microscopio profesional con cabeza triocular con torreta y conmutador de tres posiciones para diferentes observaciones. Todo un prestigioso y caro utensilio de la ciencia. Recuerdo siempre haber estado enamorada de la vida y de las reglas naturales que la rigen, aunque todavía nos queden tantas de ellas por descifrar... Y pese a ello, me fascina el hecho de que el ser humano haya logrado, por ejemplo, implantar vida en el útero de una mujer sin facultades naturales para lograrlo por sí misma. Esta mañana me senté en mi mesa de trabajo como siempre hago. Me ajusté los guantes de látex y, en el portaobjetos, preparé unas muestras que acababan de llegar a la clínica dispuesta a bucear en lo que esa pequeña gota me ofrecía. Acerqué mis ojos a los oculares y ahí empezó mi viaje. Ajusté el revólver al aumento de 2500x y entonces la vi. La célula. Con este aumento seleccionado, empecé a distinguir distintos orgánulos de ella: ahí estaba el núcleo, esférico y casi en el centro, y, a su alrededor el citoplasma lleno de estructuras fibrosas, tubos, canales, sacos, pequeñas partículas... Estupefacta, me doy cuenta de que estoy observando de cerca al principio de todo ser vivo, al punto de inicio de cualquier ente con vida. Creo que ése fue el motivo principal (aunque puedan existir otros) por el que elegí ser doctora en medicina, porque como dijo un viejo poeta, lo esencial es invisible a los ojos.